El vendedor de recuerdos

 


En el pequeño pueblo de San Juan, pasaba algo muy extraño: las personas no perdían las llaves ni el dinero, sino que perdían sus recuerdos.

Don Aurelio era un anciano amable que siempre vestía una camisa blanca y un sombrero de paja. Todos los días caminaba por las calles de tierra con un carrito de madera. Él no vendía frutas ni dulces. Ofrecía una mercancía muy especial: "¡Se venden recuerdos! ¡Primeros besos, tardes de lluvia, fiestas de cumpleaños!".

Un martes, una joven llamada Lucía se acercó a su puesto. Estaba triste porque había olvidado el rostro de su abuelo, quien había fallecido el año anterior. Don Aurelio la miró con cariño y buscó entre los muchos frascos de cristal que tenía en su carrito.

—Aquí tienes, niña —dijo el anciano, entregándole un frasco que brillaba con una luz amarilla.

Al destapar el frasco, Lucía no solo vio la cara de su abuelo, sino que también escuchó su risa y sintió el olor a café que siempre lo acompañaba. Lucía sonrió, llena de felicidad. Como Don Aurelio no aceptaba dinero, Lucía le pagó entregándole un sueño muy bonito donde ella volaba sobre las casas del pueblo. El anciano atrapó el sueño en una botella azul y se despidió.

Así era la vida en San Juan, un lugar donde la magia era parte de todos los días y la memoria se guardaba en frascos de cristal.

2. Preguntas de Comprensión

  1. Literal: ¿Qué vendía Don Aurelio en su carrito de madera?

  2. Literal: ¿Por qué estaba triste Lucía antes de hablar con el anciano?

  3. Inferencial: ¿Por qué crees que Don Aurelio no cobraba con dinero normal?

  4. Valorativa: Si pudieras comprarle un recuerdo a Don Aurelio, ¿cuál elegirías y por qué?

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